jueves, diciembre 17, 2015

Reflexiones de un ciudadano testigo


Ayer me comentaron desde un medio de comunicación gallego la posibilidad de participar en un reportaje que recoge el punto de vista de personas de otros países residiendo actualmente en Galicia en cuanto a la “situación actual.” Entendiendo la petición como una invitación a reflexionar sobre el actual momento socio-político, he elaborado el siguiente escrito.

Se puede decir que las clases políticas en las sociedades occidentales contemporáneas sirven grosso modo para gestionar el statu quo. No es que el statu quo sea del todo malo pero sí tiene elementos preocupantes:
  • Si a mediados del siglo pasado en Occidente surgió un modelo basado en elevar el estándar de vida de todas y todos, buscar el pleno empleo y dar cobertura a todas las personas desamparadas, en las últimas décadas – desde la época de las almas gemelas ideológicas Thatcher y Reagan - ha surgido un modelo global de carencia, que hace que la mayor parte de las personas está tan ocupada en la supervivencia del día a día que no queda energía para protestar o impulsar el cambio;
  • Hay un elemento de infantilización de una población anestesiada por los medios de comunicación y por la industria del entretenimiento y reducida a una función de consumidores pasivos en lugar de ciudadanos participativos;
  • Hay una confusión generalizada entre medios y fines – se piensa que la acumulación de riqueza es el fin cuando realmente es sólo un medio y el fin auténtico es el bienestar o la felicidad;
  • Por lo dicho, hay algo hueco en el statu quo hoy día, en el sentido que ya no inspira confianza entre la población. Frente a esa desilusión generalizada, la clase política no encuentra otra razón de ser o defensa que no sea apelando al miedo ante el cambio.
Yo abogaría por un cambio pero no cualquier cambio – un cambio que implique más participación de una ciudadanía más consciente, más despierta. Esto implicaría no dejarnos manipular tanto por nuestras apetencias y miedos y recuperar la ilusión por co-crear una sociedad mejor en vez de conformarnos abdicando toda la responsabilidad en una clase política de supuestos expertos.

Podemos identificar tres tipos de cambio político posibles – la involución, el cambio lampedusiano o una evolución. Ahora mismo no parece que haya peligro de una involución brutal en España (aunque en Francia o en Estados Unidos sí existe ese peligro, véanse los avances del Front National y las propuestas de Donald Trump, respectivamente). Sin embargo, sí me parece que el cambio que se nos vende en las elecciones puede resultar lampedusiano – que todo cambia para que todo quede igual, una mera reordenación del mismo mobiliario.

Sin embargo también puede que se abra la puerta a maneras alternativas de hacer política y de que se produzca una verdadera evolución sociohistórica. Este cambio integrador construiría sobre lo que ya se tiene de positivo en nuestra sociedad pero identificaría lo que ya no funciona y lo reemplazaría con formas de hacer más solidarias, más humanistas y más transparentes. A mi entender tal evolución sociopolítica se basaría en movimientos simultáneos abajo-arriba y arriba-abajo: desde abajo una ciudadanía más concienciada, más involucrada y desde arriba una apertura que anima e integra esa participación, y no de una manera puramente simbólica o cosmética.

Una manera de entender (hay muchas) esta nueva conciencia política sería en términos parecidos a los planteados desde la Psicología Positiva, aunque vistos desde un enfoque colectivo además de individual: placer, práctica y propósito. Si ahora mismo el mundo se rige por una idea equívoca de que el bienestar sólo se alcanza persiguiendo la adquisición material (placer) y rehuyendo/defendiéndose contra enemigos exteriores (miedo), este nuevo giro incorporaría elementos adicionales, cómo prácticas profesionales y personales, cuyo ejercicio se entiende que ensalza a la persona y a la comunidad, aunque no proporcione placeres inmediatos e incluso implique sacrificios (de tiempo, dinero, energía etc.)

Podemos unir este último con el tercer elemento de propósito, es decir la idea de que nuestro bienestar individual depende no sólo de las cosas que nos proporcionan placer (el mito consumista) y de nuestras prácticas y acciones en el mundo per se sino también del sentido de propósito, de que estamos actuando en pos de algo que va más allá de nuestra individualidad, algo así como el bien común o la res pública. Para dar unos ejemplos, una persona que limpia casas también está contribuyendo a embellecer el entorno; alguien que da clases de inglés también está ayudando a otras personas a realizar su potencial y a ensanchar sus horizontes existenciales; alguien que trabaja en un supermercado está contribuyendo a que los demás se nutran; quien trabaja en política está ofreciendo un servicio a favor del bien común.

Creo que hoy día se están dando las condiciones para que este tipo de evolución surja en nuestra sociedad, con modelos alternativos de participación promovidos especialmente desde las formaciones emergentes en la escena política. Seguramente queda mucho que trabajar y estos nuevos proyectos también tienen defectos y limitaciones, pero por lo menos ofrecen la posibilidad de renovar el modelo político cansino que tenemos. Lo que dudo mucho es que el tipo de evolución que he descrito pudiese darse en este momento mediante otro gobierno liderado por el Partido Popular. Y por eso albergo la esperanza de que la sabiduría del pueblo se refleje en unos resultados donde el PP no sea la lista más votada.

Formulario de suscripción a GaliciaIntegral

Suscríbete a GaliciaIntegral
Powered by es.groups.yahoo.comYahoo! Grupos